Review de El estilo entre líneas. Una historia del periodismo de moda.

La Historia, dicen los expertos, funciona como un péndulo.  Cuando el balanceo llega a un extremo, por efecto de la gravedad comienza a volver para el lado opuesto. En este sentido y en relación a este movimiento, la historia del periodismo de moda parece no haber quedado ajena. Como segunda entrega de la colección Estudios de Moda dirigida por Marcelo Marino y editada por Ampersand, El estilo entre líneas. Una historia del periodismo de moda (Nelson Best, K; 2019) es una prueba de ello. En el marco de esta colección pionera para los estudios de moda en habla hispana, el libro de Nelson Best viene a poner luz sobre uno de los temas que acompañó al desarrollo de la industria de la moda desde sus comienzos: cómo comunicarla. Aparecen, así, cuestiones ligadas a reflexionar sobre el rol del periodismo, sus funciones, responsabilidades y también limitaciones, marcadas por la coyuntura socioeconómica de cada época. Abocada a realizar un exhaustivo trabajo metadiscursivo, la autora propone un título fundamental para comprender el movimiento de la comunicación de moda en torno a los vaivenes propios de la profesión, por un lado; y a los temas propios de la moda, en primer lugar, como indumentaria, pero, sobre todo, como lenguaje, como discurso y como objeto cultural.

Con el objetivo de cubrir un vacío teórico en el área, El estilo entre líneas propone un “estudio dedicado exclusivamente al análisis de la historia y el contenido del discurso de la moda” que la autora organiza de forma cronológica comenzando en el S. XVII en la corte de Luis XIV (momento del despertar de la moda) llegando a nuestros días en los cuales la presencia de múltiples plataformas digitales y la eclosión de las redes sociales parece haber llegado para llevarse todas las huellas de esa historia puesta. Sin embargo, y para desmitificar, el resquemor que se suscitó ante la democratización nacida con la llegada de internet, Nelson Best, argumenta con fuentes legitimadas, cómo es que el lugar que el periodismo de moda y sus profesionales han conseguido, se encuentra con un estado de salud inmejorable. Las redes sociales y blogueros no llegaron para desterrar las conquistas de los periodistas, sino para aportar nuevas miradas, que, paradójicamente se ven apoyadas en las voces de quienes edificaron las bases del periodismo de moda como una profesión seria y reconocida.

Para llegar a estas conclusiones sobre el estado actual del periodismo de moda, Nelson Best la reconstruye de forma cronológica, estructura que le permite describir con minucioso detalle cómo es que el periodismo de moda se fue creando a la par de la propia historia de la moda, que en todas las épocas ocupó un lugar central a la hora de describir los escenarios sociales de Francia, Alemania, Reino Unido, Italia y Estados Unidos. Para lograr su objetivo, la autora se apoya en una delicada selección de publicaciones de moda que van desde los primeros figurines y envíos de muñecas Pandora hasta los fashion films en 3D y la utilización de todo tipo de plataformas digitales. Así nos introduce en la historia de lo que fueron turbulencias y constantes adaptaciones a los cambios que se daban, cada vez más acelerados, en el desarrollo de la industria de la moda.

La moda comenzó en las cortes francesas, símbolo de modernidad y distención de las elites para luego ir abriéndose con el paso de los años, hasta el primer gran cimbronazo que llegó con la Revolución Francesa, cuando Paris, la capital de la moda, tuvo que obligatoriamente ceder su jerarquía a otras capitales como por ejemplo Londres, incluso Alemania. La Revolución también trajo consigo otro problema: definitivamente los modos de consumo tradicionales que se acostumbraban en las cortes habían cambiado para siempre. Así fue como se crearon nuevas redes de circulación de la moda generando una expansión hacia toda Europa. Fue en 1785 que nació Le Cabinet de Modes, la primera revista enteramente dedicada a la moda que contaba con finos grabados y que sirvió de modelo para las futuras publicaciones modernas que buscaban representar la moda como un sistema organizado. Así mismo definía a los reyes como los primeros árbitros de moda de la historia y la promoción de la cultura moderna y bohemia.

La expansión y apertura de la moda al mundo (europeo, por supuesto) despertaron el interés de personalidades de la filosofía, el arte y la literatura, como Mallarmé, Baudelaire, Balzac, Flaubert, Wilde y Poe, quienes pronto comenzaron a publicar sus escritos en publicaciones femeninas, en las que además de moda contenían novelas serializadas y material educativo sobre ciencia, historia y geografía, así como artículos acerca de sucesos de las sociedades cortesanas. La moda se había puesto de moda convirtiéndose en símbolo de la estética moderna. La moda era arte. Luego hacia 1880, además de realizarse el primer uso de la fotografía en una revista de moda, al igual que cuando se descentralizó el poder francés durante la Revolución, otros centros como Nueva York comenzaron a desarrollarse. Fue por aquellos días que se crearon dos íconos de las publicaciones de moda que aún hoy siguen en vigencia: Vogue y Harper´s Bazaar.

Nelson Best, también se inmiscuye en organizar la evolución de los íconos de la moda a través de los tiempos, comenzando por los reyes, siguiendo por la parisienne, la chica de tapa, las supermodelos, las celebridades de Hollywood, hasta los influencers y blogueros, reservando el lugar privilegiado para los periodistas de moda, quienes son los únicos que, a través del diálogo entre la moda y la cultura pueden otorgarle sentido a la moda. Pero más allá de la importancia de dicha organización y detallada descripción, lo que la autora está dejando expuesto es cómo al manifestarse los primeros ideales de femineidad, la moda adoptó un tono imperativo y discriminatorio que funcionó durante mucho tiempo como medición de valores estéticos, y por supuesto morales, a la hora de definir la personalidad y el cuerpo femenino. Los problemas de género son ineludibles si de moda se habla, y Nelson Best se adentra en la polémica.

Otro eje central del Estilo entre líneas, es la relación de la moda con el consumo y el comercio. La moda fue la fuente de ingresos principal de muchas naciones que vieron en esta industria en desarrollo un potencial sin precedentes. Al mismo tiempo, el dinero se inyectaba en las sociedades, así como el tiempo libre de los ciudadanos, sobre todo las mujeres quienes fueron las que activaron la famosa sociedad de consumo dando inicio al millonario universo del comercio de la moda. Además de vender ilusiones y sueños aspiracionales, la moda, sin dudas, se basó en su potencial para hacer del consumo una verdadera rueda de la fortuna. Las dos Guerras Mundiales volvieron a sacudir a la moda, y la expansión aún se hizo más perceptible: otros centros de la moda comenzaban a emerger y una de las reacciones fue la activación de los nacionalismos. A través de la alta costura, lo que la nación francesa lograba hacer era recuperar su mandato al aseverar su superioridad ante otras estéticas emergentes.

Dentro del ámbito del consumo y el comercio, la relación entre la publicidad y el contenido editorial en publicaciones como Marie Claire, Elle o L’Officiel es otro de los tópicos que la autora analiza como tema central a la hora de reflexionar sobre la historia del periodismo de moda. Como se dijo más arriba, la moda había adoptado un lenguaje y tono normativo, casi de adoctrinamiento que pronto vio sus ventajas cuando “dar consejos sobre compras proporcionaba oportunidades para la publicidad y los publirreportajes”. Rápidamente, las revistas se vieron llenas de anuncios y los debates sobre cómo administrar la relación entre el contenido editorial y la publicidad comenzaron a surgir. “La relación promocional entre la industria y sus medios es uno de los temas centrales de este libro, pero tal como veremos, existen conflictos entre lo comercial, lo ideológico y la revista como artefacto cultural” cuenta la autora en la Introducción.

Otro gran eje de El estilo entre líneas es la calidez y dedicación con la que Nelson Best construye la historia de los nombres de quienes fundaron el periodismo de moda. Según Lipovetsky, se conoce hacia 1950 la era dorada de la moda cuando en Paris se reafirma la Alta Costura luego de la Guerra, momento bisagra en el que definitivamente se profesionaliza el periodismo especializado. Resume Nelson Best, haciendo alusión a la explosión en el periodismo y los oficios afines como la publicidad, la fotografía y los modelos: “Una vez que la moda se hizo noticia, el periodismo de moda alcanzó su adultez. El impacto de Dior y su New Look llevó los nombres de los diseñadores a los hogares, mientras que el calendario de Nueva York también ayudó a que lo que antes era periodismo amateur se hiciera profesional”. Con el mismo énfasis con el que la autora aporta los nombres propios de aquellos pioneros, hace una descripción casi didáctica de cómo era la vida de una reportera de moda sugiriendo el film Funny Face (1957) para atestiguar sus afirmaciones. El mismo camino recorre cuando se explaya en comentar cómo se crearon los roles de las editoras de moda y los estilistas, haciendo especial hincapié en el valor simbólico que sus acciones aportaron al mundo de la moda. No hay dudas que, como mediadores culturales, su aporte es invaluable a la hora de reflexionar acerca de cómo la moda fue adquiriendo status de objeto de estudio vinculado a las artes, la tecnología, y las ciencias.  Así mismo fueron ellos quienes contribuyeron a afianzar el concepto de que el conocimiento sobre moda es un capital social y cultural imprescindible para el desarrollo de las culturas modernas.

Durante los años sesenta los Beatles y la cultura pop hizo su gran aparición además de un boom de consumo del pret a porter de la mano de Yves Saint Laurent y sus géneros sintéticos, la noción de individualismo y la atención puesta en la moda callejera y el street style. De pronto, pareciera que comenzó a tomar velocidad, y lo que un día era moda, al siguiente ya no lo era, por lo que se volvió central el concepto de lo desechable, aspecto que aumentó más el consumo. Y así se generó un círculo de oferta y demanda nunca antes visto. Más tenían, más “necesitaban”. Los grandes protagonistas de estos cambios fueron los jóvenes, quienes a partir de esta década se volvieron los amos de la moda. El nuevo culto a la juventud y el reconocimiento eran los valores que se pregonaban enalteciendo el nuevo capital cultural: la cultura pop. Londres era el nuevo centro de la moda y se la comparó con Paris en los años veinte. Fue entonces como la prensa de moda británica tomó protagonismo marcando un cambio radical en la forma de comunicar la moda. Las notas sobre jóvenes diseñadores como por ejemplo Mary Quant ocupaban gran parte de las publicaciones generando un acercamiento entre lo que se producía y los clientes. La moda, definitivamente estaba en las calles.

Durante los ’70 el periodismo freelance irrumpió en la escena y hubo que replantearse, otra vez, las formas de trabajo. Semilla germinal para que durante las dos próximas décadas se desarrollaran las revistas de estilo o de nicho. De alguna manera había que volver a hacer de la moda un espacio de exclusividad reservado a los que tenían “buen gusto”, clase y distinción. La “prensa del estilo” apareció en reacción a la extensa democratización y como modelo para las publicaciones contemporáneas en relación a su forma de comunicar la moda: a partir de aquí la importancia de la imagen será la clave del futuro del periodismo de moda. “La imagen se transformó en la fuerza dominante en la moda, gracias no sólo a la proliferación de la publicidad de la moda, sino también a la llegada de los video clips y MTV”. Durante los ’80 y sobre todos los ’90 los medios explotaron. “Para la década del ’90, la moda se había transformado en un discurso cultural central dentro de la sociedad” afirma Nelson Best.

Por último, la autora expone un estado de situación del periodismo de moda actual, ofreciendo una mirada esperanzadora de cara al futuro y la convivencia de la profesión con los entornos digitales. Las nuevas narrativas donde “la vestimenta en sí está muchas veces al servicio del concepto general” y los nuevos discursos en los que se enfatiza el estilo por sobre cualquier otra característica, son la pieza fundamental de la transformación en las formas y el contenido de la comunicación de la moda. Sin lugar a dudas “el impacto de la información instantánea en el marketing y las nuevas formas de periodismo han generado un nuevo desafío”. Sin embargo, aunque parezca que, ante el fácil acceso a herramientas digitales e internet, cualquiera puede hacer periodismo de moda, los hechos afirman lo contrario. Es la autora la que concluye su libro reafirmando la necesidad e importancia de la voz de los expertos. “Si bien pareciera que los nuevos medios dejarían a los periodistas sin trabajo, pasó exactamente lo contrario. Quienes forman parte de los medios de moda, se han transformado ellos mismos en celebridades, en gran parte, gracias a los blogs”.

Los nuevos íconos de la moda son los periodistas, quienes como mediadores reestablecen el valor simbólico de la moda de cara a la democratización de internet y las redes sociales. “De alguna manera, los periodistas de moda ahora cumplen un papel en la historia” porque “a pesar de los blogs y de las revistas de nicho, la experiencia periodística y los medios impresos principales se han mantenido fuertes”. Es así como el valor de la palabra y el filtro de los expertos es lo que en la actualidad se considera fundamental a la hora de emitir un juicio sobre la moda. El planteo, ahora es aceptar el desafío de pensar cómo contar una historia de diferentes maneras, teniendo en cuenta que la moda “ha sido secuestrada por lo visual”. El problema está expuesto, lo cierto es que nadie sabe qué nos depara el futuro. “Si los medios de moda van a tener un rol, tendrán que reafirmar su lugar como expertos, su punto de vista y su capacidad de hacer realidad los sueños de las Emma Bovary modernas”, cierra Nelson Best.

El estilo entre líneas. Una historia del periodismo de moda.
Nelson Best, Kate (2019)
Colección Estudios de Moda
Editorial Ampersand